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miércoles, 26 de mayo de 2021

Autor de Todas las oraciones de la biblia

El Dr. Herbert Lockyer nació en Londres en 1886 y fue pastor en Escocia e Inglaterra durante 25 años antes de venir a los Estados Unidos en 1935. En 1937 recibió el título honorario de Doctor en Divinidad del Seminario Evangélico del Noroeste. En 1955 regresó a Inglaterra donde vivió durante muchos años. Luego regresó a los Estados Unidos, donde continuó dedicando tiempo al ministerio de la escritura hasta su muerte en noviembre de 1984.
El libro consta de 304 páginas 'A través de la oración nos aferramos a la eternidad' Todas las oraciones de la Biblia no son un mero recital de frases muy usadas, es un derramamiento del corazón a Dios. La pasión y la belleza de la oración, por no hablar de su necesidad y eficacia, se reflejan poderosamente en este notable devocional. El Dr. Herbert W. Lockyer, que cubre la vasta extensión de las oraciones bíblicas, no solo las resume a todas, sino que también le muestra lo que cada libro de la Biblia revela acerca de la oración y su papel en la vida y la historia de la humanidad. Una pequeña muestra de los tipos de oración cubiertos en este libro incluye: * Oración en peligro * Oración y progreso espiritual * Oración sin palabras * Oración de temor * Oración de gratitud * Oración para entender la aflicción * Oración como diálogo * Oración de un afligido corazón * Oración de angustia * Oración por la acción divina Los libros "Todos" de Herbert W. Lockyer le brindan perspectivas enriquecedoras de la vida de la Biblia. Desde los personajes de los que puedes aprender, a las enseñanzas que puedes aplicar, a las promesas en las que puedes apoyarte y las profecías con las que puedes contar, las obras de Lockyer te ayudan a envolver tu mente alrededor de la Biblia y ponerla en tu corazón. Los libros de Lockyer incluyen Todos los apóstoles de la Biblia, Todos los nombres y títulos divinos en la Biblia, Todas las doctrinas de la Biblia, Todos los hombres de la Biblia, Todas las mujeres de la Biblia, Todas las profecías mesiánicas de la Biblia, Todos Los milagros de la Biblia, todas las parábolas de la Biblia, todas las oraciones de la Biblia y todas las promesas de la Biblia. Escribe aquí el resto de la entrada

domingo, 15 de diciembre de 2019

Conoce las cinco formas de Orar

Jesús nos dice a través de la Biblia que debemos orar y vigilar nuestras acciones, nos pide que recemos de forma constante y no sólo presenta la oración como una herramienta útil para comunicarnos con él, sino como algo indispensable para nuestra vida. Los beneficios de la oración son innumerables, nos permite estar más unidos a Dios, nos ayuda a conocerlo haciendo que a su vez lo amemos más, la oración también nos ayuda a escuchar a Dios y a conocer su voluntad de su parte para nosotros, cuando se habla de la voluntad de Dios no se hace referencia a lo que él quiere que seamos, sino a lo que Dios desea que hagamos en todo momento. Además la oración es tomar decisiones con Dios, nos ayuda a desapegarnos de las cosas materiales y a dirigir nuestra mirada a lo sobrenatural, por las razones expuestas debemos orar con fe y no olvidar cada día hacer la oración de la mañana al levantarse, para comenzar nuestro día con la guía de Dios y con el a nuestro lado en todo momento. Formas más frecuentes de orar Oración de Bendición Con esta oración le pedimos a Dios que nos llene de su Gracia, ya que toda bendición proviene de Dios, para ello podemos ir ante un sacerdote para que gracias a su ministerio nos bendiga en nombre de Jesus. Oración de adoración Con la oración de adoración se reconoce humildemente la existencia del Todopoderoso, es que cuando oramos a Dios y lo adoramos nos damos cuenta de su grandeza, santidad y poder. Oración de petición Con la oración de petición le rogamos a Dios por las cosas que realmente necesitamos, todos sabemos que Dios conoce todos los aspectos de nuestra vida, sin embargo, este desea que le pidamos con insistencia, con fe y abiertos a su voluntad; un ejemplo de esto, es el momento en el que Dios vio como el pueblo de Israel sufría, pero no actuó hasta que escucho los gritos de su pueblo. Oración de intercesión En este tipo de oración se reza por los demás, por lo tanto debemos acordarnos cada día de quienes nos rodean y pedir por ellos para que mejoren de enfermedades o puedan solucionar cualquier problema que los aflija con la ayuda de Dios. Oración de acción de gracias Todas las cosas que tenemos las hemos recibido de Dios, muchas las tenemos por nuestro propio esfuerzo, pero Dios intervino para que pudiéramos conseguirlas, por lo tanto hay que agradecerle cada día a través de la oración.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Resumen Por qué debo orar y Por qué orar

¿Por qué debo orar? En Mateo 7:7-8, Jesús nos manda e invita a orar. "Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, sele abre." Con esperanza, fe y confianza en Dios, respondemos a su invitación a orar. ¿Por qué orar? 1. Dios lo ordena Tales amonestaciones como: “Orad sin cesar”; “Dad gracias en todo”; “Velad y orad” y “Orad al Padre” son muy numerosas en la Biblia. Nadie puede ser obediente a Dios sin vivir una vida llena de oración. 2. Es la puerta de entrada a muchas bendiciones El Espíritu Santo es dado “a los que se lo pidan” al Padre (Lucas 11.13). Se le promete poder espiritual al que ora con toda sinceridad (Marcos 9.29). Y además, “la oración de fe salvará al enfermo”, porque la “oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5.15–16). En vista de que Dios oye y contesta la oración de fe sabemos que todo lo que se puede incluir en la oración de fe está a la disposición de aquellos quienes de corazón buscan al Señor por medio de la oración (Mateo 21.22; Marcos 11.24; Juan 11.22). 3. Nos ayuda a crecer espiritualmente Cualquiera que ora, habla con el Señor. Cualquiera que habla con el Señor está en su presencia; y mientras más tiempo esté con él, más será como él. “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18). ¿Ha visto usted a alguno que pasa mucho tiempo con el Señor en oración sincera y ferviente que no crece espiritualmente? Por otro lado, ¿ha visto usted a alguien que no está acostumbrado a la oración que sea espiritual? ¿Verdad que no? Pasar tiempo con Dios en la oración nos ayuda a crecer a su imagen. 4. Nos protege del poder del diablo Imaginemos a Cristo y a los apóstoles en el Huerto de Getsemaní. Mientras están entrando al huerto algunos discípulos se quedan cerca a la orilla, tres le acompañan al interior al tiempo que él va aún más adentro y se arrodilla en oración. Volviéndose a sus discípulos, él los encuentra ya dormidos. Les pregunta: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26.40–41). Cristo vuelve a los discípulos un total de tres veces y cada vez los encuentra durmiendo. ¿Acaso debemos sorprendemos que en el momento de la prueba Cristo la soporta y los discípulos no? Por ser el Mesías, Jesús sabía que necesitaba esa comunión constante con su Padre, el cual le daba fuerza en cada tentación y prueba. Al igual que Cristo, mientras más íntima sea nuestra comunión con el Padre tanto más frecuente y ferviente serán nuestras oraciones y seremos también más fuertes espiritualmente. ¡Aprendamos esa lección de él! El diablo está obrando cada día más para invadir la vida de los que creen en el Señor. Si a diario queremos vivir en victoria, oremos como nos enseñó Cristo. 5. Es indispensable para recibir poder Cristo, al hablar acerca de echar fuera a cierto tipo de espíritu inmundo, dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9.29). Veamos también acerca del poder dado a los discípulos en cierta ocasión: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4.31). El hecho de que Dios ha prometido escuchar y contestar las oraciones de su pueblo nos asegura su poder el cual está al alcance de aquellos que mantienen un contacto vivo con él por medio de la oración. 6. Trae plenitud de gozo ¿Qué fue lo que les trajo gozo a los discípulos en la casa de María cuando Pedro fue librado de la cárcel? Ellos habían orado fervientemente y sus oraciones fueron contestadas. Nunca debemos olvidar que la oración no sólo es un deber cristiano y una protección del poder del diablo, sino también es un manantial de sumo gozo para todos los santos de Dios, un gozo que no se puede obtener de ninguna otra manera.

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA DIFERENCIA ENTRE “REZAR” Y “ORAR”

¿Qué es rezar? Rezar es “repetir vez tras vez las oraciones usadas por la iglesia”. Para recitar estas oraciones, mucha gente devota emplea el rosario para las ocasiones de rezo. Este conjunto de cuentas la usan para contar la cantidad de recitaciones. La palabra “rosario” también puede referirse al rezar mismo. El rosario más usado está conformado por quince misterios: cinco dolorosos, cinco gozosos, y cinco gloriosos. Los cinco misterios gozosos consisten en cinco etapas de la niñez y la venida de Jesús; los cinco dolorosos, de su sufrimiento y de la crucifixión; los cinco gloriosos son de la resurrección de Jesús, la ascensión, la venida del Espíritu Santo, y la virgen María. Después de cada misterio se reza un padrenuestro, un gloria patri (gloria al padre) y diez avemarías. La iglesia católica recomienda que se rece cinco misterios cada día. Así el padre nuestro se reza cinco veces cada día, el gloria cinco veces y el avemaría cincuenta veces. ¡Eso sí requiere devoción! ¿Pero… lo oye Dios? ¿Qué nos dice la historia? Según la tradición de la Iglesia Católica, Santo Domingo de Guzmán introdujo el rosario al uso común como 1.200 años después de Cristo. Se cuenta que la virgen María le apareció con un rosario en la mano. Ella le dijo: «Toma, con esta arma en la mano tú y cuantos otros la empuñaren, estad seguros de la victoria sobre mis enemigos y los de la iglesia». Santo Domingo estaba luchando contra los movimientos valdenses y albigenses. La Iglesia Católica consideraba herejes a estos movimientos. A estos se refería al decir los enemigos de la iglesia. Pero el sistema de rezar oraciones repetidas con una sarta de cuentas es de origen más antiguo. Aun antes de Cristo, el budismo usó este tipo de devociones. Los budistas todavía lo usan para repetir oraciones memorizadas, como también lo hacen los musulmanes y los hindúes. ¿Pero… los oye Dios? ¿Qué es orar? Dios sí nos oye cuando oramos. Orar es hablar con Dios. Es gozar comunión con Dios. Es acercarnos a su trono. Allí le hablamos a él con palabras sencillas que nacen del corazón de uno mismo. Le adoramos. Le hacemos nuestras peticiones. El que tiene su corazón limpio de pecado por la sangre de Jesús y está entregado a la voluntad de Dios, tiene el privilegio de orar. El que no cumple estas condiciones, puede confesar su pecado a Dios. Si está arrepentido en verdad, Dios le oirá la oración y le limpiará el corazón. La Biblia dice en Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. ¿Qué enseña la Biblia? La Biblia habla mucho de orar. Usa las palabras «oración, orar» y sus derivados 310 veces. Pero la Biblia nunca dice nada de rezar. La palabra «rezar» ni siquiera se encuentra en la Biblia. En Mateo 6:7-8, Jesús nos dice cómo debemos orar: “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos: porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”. Recuerda que el sistema de rezar oraciones repetidas tiene origen pagano. Nota que Cristo dijo que los gentiles (o paganos) pensaban que por sus repeticiones serían oídos. Ellos creían que había que insistir y rogarle a Dios para que los oyera. Pero Jesús no sólo dice que tales repeticiones no valen nada, también las prohíbe. Si tenemos el corazón limpio de pecado, él nos oye la primera vez que le hacemos una petición. Pero si tenemos pecado en el corazón, no importa cuántas veces repitamos nuestra petición, no nos escuchará. El salmista reconoció este hecho en el Salmo 66:18: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado”. Piensa en el padrenuestro de Mateo 6:9-13, la oración modelo dada por el Señor. Nota su sencillez, no usa ninguna repetición. Reconoce que todos necesitamos el perdón de Dios. Bíblicamente hay otra dificultad grave con el rosario. La oración es una forma de adoración. Por ejemplo, en el padrenuestro, Jesús nos enseña a decir: “Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos”. Estas palabras expresan devoción y adoración a Dios. Y Dios las merece. Pero la devoción del rosario se dirige a María, y la Biblia prohíbe terminantemente la adoración a otro ser que no sea Dios: “…Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mt. 4:10). No debemos adorar a ningún ser, sino sólo a Dios. No debemos orar a otro, sino a él. No debemos inclinarnos ante otro. No hay ni siquiera un ejemplo en la Biblia de una persona que orara a María o que le adorara. Sin embargo, el que reza dirige su culto y sus peticiones a María vez tras vez. ¿Aceptará Dios la petición de uno que le desobedece de esa forma? La Biblia nos dice claramente que nuestra única manera de llegar a Dios es por Jesús. Jesús mismo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6). En Efesios 3:12 dice que tenemos acceso a Dios por medio de la fe en Cristo: “en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él”. La Biblia en ningún lugar menciona a María como medio para llegar a Dios. Mis amigos católicos me dicen: «Nosotros estamos de acuerdo con la obra mediadora de Cristo, pero necesitamos la mediación de María entre nosotros y Cristo». Yo no puedo hacer mejor que responder con la misma Palabra de Dios: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5). Veamos el siguiente ejemplo para entenderlo mejor: Del agricultor a la mesa del público, ¿cuántos intermediarios hay? Dos, ¿verdad? Los dos intermediarios son el comerciante y el vendedor del mercado. Las oraciones del rezador Ahora, ¿cuántos mediadores hay entre el rezador y Dios? Dos, ¿verdad? Pero la Biblia nos dice muy claramente que hay “un solo mediador entre Dios y los hombres”. Y este es Cristo. El concepto de tener que usar a María como intercesora da a entender que Jesús es tacaño y que cuesta que nos atienda, y que María por ser “su madre humana” tiene más aceptación delante de él que nosotros. Pero esa idea es un concepto errado de Jesús. Él dio su vida por nosotros. ¿Cómo, pues, vamos a creer que él no nos atiende cuando oramos? En conclusión, si Jesús derramó su sangre para darnos entrada a la presencia de Dios, ¿no lo despreciamos si concluimos que no basta y que necesitamos de otro medio? Si podemos hablar directamente con Dios, ¿por qué lo vamos a hacer por medio de otra persona? Si la Biblia dice que hay solamente un mediador entre Dios y nosotros, ¿por qué usar de otro? Si la Biblia prohíbe orar a alguien que no sea Dios, ¿por qué hacerlo? Si Jesús nos oye con una vez que le digamos, ¿por qué usar vanas repeticiones? Si Dios nos ha dicho en su Palabra cómo orar, ¿por qué adoptar un sistema pagano? Si podemos orar, ¿para qué rezar? Escribe aquí el resto de la entrada

domingo, 24 de noviembre de 2019

6 razones para ORAR

1. Dios lo ordena
Tales amonestaciones como: “Orad sin cesar”; “Dad gracias en todo”; “Velad y orad” y “Orad al Padre” son muy numerosas en la Biblia. Nadie puede ser obediente a Dios sin vivir una vida llena de oración. 

2. Es la puerta de entrada a muchas bendiciones
El Espíritu Santo es dado “a los que se lo pidan” al Padre (Lucas 11.13). Se le promete poder espiritual al que ora con toda sinceridad (Marcos 9.29). Y además, “la oración de fe salvará al enfermo”, porque la “oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5.15–16). En vista de que Dios oye y contesta la oración de fe sabemos que todo lo que se puede incluir en la oración de fe está a la disposición de aquellos quienes de corazón buscan al Señor por medio de la oración (Mateo 21.22; Marcos 11.24; Juan 11.22). 

3. Nos ayuda a crecer espiritualmente 
Cualquiera que ora, habla con el Señor. Cualquiera que habla con el Señor está en su presencia; y mientras más tiempo esté con él, más será como él. “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18). ¿Ha visto usted a alguno que pasa mucho tiempo con el Señor en oración sincera y ferviente que no crece espiritualmente? Por otro lado, ¿ha visto usted a alguien que no está acostumbrado a la oración que sea espiritual? ¿Verdad que no? Pasar tiempo con Dios en la oración nos ayuda a crecer a su imagen. 

4. Nos protege del poder del diablo 
Imaginemos a Cristo y a los apóstoles en el Huerto de Getsemaní. Mientras están entrando al huerto algunos discípulos se quedan cerca a la orilla, tres le acompañan al interior al tiempo que él va aún más adentro y se arrodilla en oración. Volviéndose a sus discípulos, él los encuentra ya dormidos. Les pregunta: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26.40–41). Cristo vuelve a los discípulos un total de tres veces y cada vez los encuentra durmiendo. ¿Acaso debemos sorprendemos que en el momento de la prueba Cristo la soporta y los discípulos no? Por ser el Mesías, Jesús sabía que necesitaba esa comunión constante con su Padre, el cual le daba fuerza en cada tentación y prueba. Al igual que Cristo, mientras más íntima sea nuestra comunión con el Padre tanto más frecuente y ferviente serán nuestras oraciones y seremos también más fuertes espiritualmente. ¡Aprendamos esa lección de él! El diablo está obrando cada día más para invadir la vida de los que creen en el Señor. Si a diario queremos vivir en victoria, oremos como nos enseñó Cristo. 

5. Es indispensable para recibir poder 
Cristo, al hablar acerca de echar fuera a cierto tipo de espíritu inmundo, dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9.29). Veamos también acerca del poder dado a los discípulos en cierta ocasión: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4.31). El hecho de que Dios ha prometido escuchar y contestar las oraciones de su pueblo nos asegura su poder el cual está al alcance de aquellos que mantienen un contacto vivo con él por medio de la oración. 

6. Trae plenitud de gozo 
¿Qué fue lo que les trajo gozo a los discípulos en la casa de María cuando Pedro fue librado de la cárcel? Ellos habían orado fervientemente y sus oraciones fueron contestadas. Nunca debemos olvidar que la oración no sólo es un deber cristiano y una protección del poder del diablo, sino también es un manantial de sumo gozo para todos los santos de Dios, un gozo que no se puede obtener de ninguna otra manera.

domingo, 17 de noviembre de 2019

7 Reflexiones sobre la Oración

1. La oración debe ser sencilla y directa 
La oración modelo de Jesús es el modelo perfecto de esta clase de oración (Mateo 6.9–13). Las enseñanzas de Cristo que preceden y siguen esta oración nos deberían enseñar de qué manera debemos orar. Cristo prohíbe las “vanas repeticiones”. Aun en la oración pública debemos dirigir nuestra oración a Dios y no a la gente que nos escucha. Dios no necesita la elocuencia ni las oraciones largas para convencerlo de que somos sinceros. Todas nuestras oraciones deben brotar de un corazón de fe. Debemos dirigir todas nuestras oraciones a Dios, ya sea o no para que otras personas nos escuchen. 

2. Debemos orar por toda la humanidad 
(Posiblemente la única excepción a esto se encuentra en 1 Juan 5.16.) Pablo aconseja que se hagan súplicas y oraciones “por todos los hombres” (1 Timoteo 2.l). La Biblia nos enseña a orar por los fieles y los pecadores, especialmente por aquellos que están en posiciones de autoridad y responsabilidad (Efesios 6.18–19; Filipenses 1.8–9; Colosenses 4.3; 1 Tesalonicenses 5.25; 2 Tesalonicenses 1.11; 3.1; 1 Timoteo 2.1–2, 8). 

3. Debemos orar con corazones llenos de amor y con un espíritu perdonador 
La oración de Cristo en la cruz y la de Esteban en el tiempo de su martirio son ejemplos de cómo debemos orar por los enemigos. Cristo dijo: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6.14–15). La oración aceptable no se mezcla con la malicia. 

4. La oración frecuente y ferviente pertenece a la vida cristiana 
¿Ha notado usted cuántas veces se encuentran en la Biblia frases como éstas: “Orad sin cesar”, “Velad y orar”, “Orad por nosotros”? La oración es el aliento del cristiano. Cuanto más profunda sea nuestra vida espiritual, tanto más respiraremos. ¿Cómo una persona que profesa tener una fe viva en Dios puede vivir sin pasarse mucho tiempo en oración y aun así afirma que se preocupa por la causa de Cristo y el bienestar del hombre? He aquí sólo unas pocas cosas de las muchas que se pueden recordar en las oraciones diarias: su propia familia, los enfermos en su comunidad, sus pastores, las pruebas y tentaciones que usted y otros enfrentan. 

5. Es necesario que haya un buen orden en la oración 
La quietud y la reverencia son dos factores importantes en la oración. Recordemos que al orar estamos hablando con Dios. Para evitar la confusión que hay cuando muchos oran al mismo tiempo en voz alta, las oraciones de la congregación deben ser dirigidas por una sola persona a la vez. No debemos permitir que exista ningún obstáculo entre nosotros y Dios. Las cabezas de las mujeres deben estar cubiertas (1 Corintios 11.4–6). Debemos recordar también que las manos que se elevan en oración deben ser “manos santas” (1 Timoteo 2.8). La postura que adoptamos al orar es importante. Aunque en la Biblia aparecen algunos casos donde la gente se puso de pie para orar, en la mayoría de los casos se arrodillaban ante el Señor y a veces se postraban sobre sus rostros (Salmo 95.6; Números 16.22; 2 Crónicas 6.13). El sólo hecho de inclinar la cabeza no armoniza con la reverencia y humildad que deberían caracterizar toda oración verdadera. En las escrituras también encontramos que muchas personas se arrodillaron cuando oraron: Salomón en la dedicación del templo (1 Reyes 8.54), Daniel bajo una carga pesada (Daniel 6.10), Jesús en Getsemaní (Lucas 22.41), Esteban en el tiempo de su martirio (Hechos 7.60) y Pablo antes de partir (Hechos 21.5). Todo cristiano humilde debe decir: “Doblo mis rodillas ante el Padre” (Efesios 3.14). 

6. Cultos de oración 
Resulta muy provechoso que los cristianos se reúnan para orar, pero debe ser en un espíritu de adoración. La Biblia menciona varios cultos de oración donde se manifestó el gran poder de Dios (Hechos 1.12–14; 4.23–31; 12.5, 12). Cuando los creyentes oran con sinceridad, pensando y sintiendo de la misma manera, ellos se gozan al hablar con el Señor. 

7. El poder de la oración privada 
La oración pública fue practicada en el tiempo de los apóstoles y la misma debería ser practicada hoy también. Pero la prueba de fuego no está en la oración pública, sino en las oraciones privadas donde solamente Dios escucha. Los hombres han orado con elocuencia en público y sin tener la más mínima fe ni reverencia. Sin embargo, el que ora en secreto sin tener ningún motivo especial, tan sólo traer sus peticiones al Señor, el mismo será escuchado en el cielo. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6.6). La oración es el poder que mueve la mano que gobierna al mundo. Quienquiera que viene ante Dios orando con sinceridad, fe y perseverancia toca el brazo de Aquél a quien todas las cosas le son posibles. Hay montañas de dificultades por todas partes, mas por medio del poder de Dios son movidas por la oración de fe (Mateo 17.20–21). En las cámaras secretas del corazón, donde nadie podrá impedir que nos acerquemos a Dios en oración, hay grandes fortalezas que el diablo no podrá destruir, porque “para Dios todo es posible”.

domingo, 10 de noviembre de 2019

La Oración Siempre En Primer Lugar

“…ÉL SE APARTABA… PARA ORAR” (Lucas 5:16) 
La oración es el fundamento de tu vida cristiana personal y también lo es de tu ministerio en la iglesia. Así como los cimientos de un edificio lo refuerzan y aseguran, la oración te da algo firme en lo que descansar. Está claro que por eso satanás trabaja sin parar para mantenerte ocupado y para distraerte a fin de que pierdas la comunicación diaria e íntima con tu Padre celestial. Pero hubo una persona contra la que satanás no pudo avanzar cuando buscó interrumpir Su vida de oración: Jesús. Y Él es el gran ejemplo de cómo debería ser tu vida de oración. Comenzó y terminó Su ministerio público en oración. 
En Marcos, capítulo uno, en uno de los días más ajetreados de Su vida, leemos que Jesús se levantó antes del amanecer para orar. Lucas escribió que “Él se apartaba… para orar” (Lucas 5:16). ¡Formaba parte de Su rutina diaria! En el Huerto de Getsemaní, oró con una intensidad que ninguno de nosotros conocerá jamás. ¡No es de sorprender que los discípulos le preguntaran cómo había que orar! ¿Cuál es la importancia de la oración? Veamos a Pedro. Precisamente las oraciones de Cristo impidieron que éste se derrumbara después de negar a su Señor; Sus plegarias lo rescataron y llegaron a convertirlo en un líder de la iglesia. Y la única razón por la que no fallas más veces es porque Jesús también está orando por ti (Juan 17:20, Hebreos 7:2 5). La aplicación práctica es bastante evidente: si Jesús necesitaba orar, tú también. Si estás esperando a que te apetezca o a que te mueva el Espíritu a orar, no lo has captado bien. El Espíritu Santo ya te ha movido a orar mediante la instrucción y el ejemplo que te dejó Cristo. 

“QUIERO… QUE LOS HOMBRES OREN EN TODO LUGAR, LEVANTANDO MANOS SANTAS…” (1 Timoteo 2:8) 

El Poder de la oración en la Biblia 
Pablo, al preparar a Timoteo para el ministerio, quiso que éste entendiera cómo funcionaba la iglesia. Por eso, comenzó con lo fundamental: la oración. Lo que Pablo estaba diciendo era: ‘Antes de ponerte a hacer nada, ora. Antes de enseñar nada, enséñales a los tuyos a orar’. ¿Por qué? Porque si Dios no está de tu parte, ¡nada te saldrá bien! La mayoría entendemos esto con la cabeza. Decimos una oracioncita al salir corriendo de casa, bendecimos la mesa antes de comer, iniciamos el culto con oración, pero pocos comprendemos la verdadera importancia de ésta. Pablo no quería que Timoteo se despistara ni que tuviera la idea errónea respecto al lugar que ocupa la oración en la iglesia. A veces nos engañamos creyendo que podemos “hacer que sucedan cosas” sin orar
Si una iglesia no es de oración, da igual lo bien que predique el pastor, lo bien que cante el coro o lo bonito que sea el edificio; para que la obra progrese, Jesús dijo: “…Mi casa será casa de oración…” (Lucas 19:46 CST)
Oswald Chambers escribió: “Vemos la oración como un medio para conseguir cosas para nosotros, pero el concepto bíblico consiste en que conozcamos cada vez mejor a Dios”. No vas a la iglesia sólo para escuchar un sermón animado o una canción bonita. Vas a encontrarte con Dios. El pastor y el coro son los canales a través de los cuales Él puede hablar, pero no hay nada que sustituya a la oración. No es cuestión de sentimientos; tu crecimiento espiritual y tu supervivencia dependen de ella. Así que si has perdido tu hábito de orar ¡vuelve a recuperarlo! 

“ENSEÑARLES QUE DEBÍAN ORAR SIEMPRE, SIN DESANIMARSE” (Lucas 18:1 DHH)

Si alguien amenazara a tu casa o a los tuyos, ¿no los defenderías? Pues están siendo atacados, aunque el enemigo es invisible. Pablo afirma que gran parte de la responsabilidad a la hora de parar esos ataques corresponde a los varones cristianos.“Quiero… que los hombres oren en todo lugar” (1 Timoteo 2:8). Aquí la palabra “hombres” no se refiere a la raza humana, sino al género masculino. Ahora bien, eso no significa que sólo los hombres tengan que orar, puesto que es una tarea de todo cristiano. Tampoco quiere decir que la oración sea la única tarea, ¡pero sí la primera! John Bunyan dijo: ‘Puedes hacer más cosas además de orar después de haber orado, pero no antes”. 
Santiago escribió: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).Fíjate en la palabra “justo”. Cada uno de los creyentes está revestido de la justicia de Cristo, lo que significa estar a buenas con Dios. Hay dos clases de justicia: la posicional (tu posición delante del Señor) y la práctica. Tienes que practicar la justicia a diario dejando que el Espíritu Santo te limpie, te llene y te use. Igual que no quieres beber de un vaso sucio, Dios no quiere oír las oraciones de un cristiano cuya vida esté llene de basura. La oración a la que Dios responde: 
1) tiene que hacerse con un corazón limpio. 
2) debe ser seria e intensa; no consiste en lanzar al aire unos cuantos deseos para ver cuáles elige cumplirte Dios. 
3) tiene que estar en consonancia con la Palabra de Dios y Sus propósitos. 
4) debe provenir de un corazón firme porque el que duda no recibe nada del Señor(Santiago 1:6-8).

domingo, 3 de noviembre de 2019

Barreras Para Que Nuestras Oraciones Sean Respondidas

"ME INVOCARÁ Y YO LE RESPONDERÉ…" (Salmo 91:15) 
Me acuerdo que tiempo atrás abrieron un club nocturno frente a la iglesia de un Pastor amigo en San Pedro de Jujuy. Este pastor organizó una vigilia de oración de veinticuatro horas en la que pidieron a Dios que el club se fuera del lugar. Al cabo de un tiempo no muy largo el club tuvo que cerrar por que no iba nadie. El dueño presentó una demanda a la iglesia, la cuál negó tener responsabilidad alguna. Después de escuchar los argumentos de ambos partes, el juez dijo: «Quienquiera que sea el culpable, parece que el dueño del club cree en la oración, mientras la iglesia no lo hace». 

1) El primer obstáculo para que nuestras oraciones sean contestadas es no orar. 
Suena muy simple, pero las oraciones no son contestadas si no hablamos con el Señor. Decir que creemos en la oración no es lo mismo que orar. Santiago escribió:«…no recibís, porque pedís mal…» (Santiago 4:3). Debemos tomarnos tiempo para decir a Dios lo que deseamos y necesitamos. Algunas veces, damos vueltas a ciertas situaciones en la mente, o hablamos de ellas con nuestros amigos, o las deseamos, o las esperamos, pero no oramos. Pensar, hablar con otros, desear o esperar no es lo mismo que orar. ¡Solamente orar es orar! Cuando tenemos una necesidad o hay una situación que nos preocupa, sólo oramos si hablamos con Dios acerca de ello. 
El Señor está esperando a que pidamos cosas en oración, y nunca se cansa de que acudamos a Él, porque es capaz, está deseando y dispuesto a actuar a nuestro favor, pero tenemos que hacerlo. Jesús dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquél que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Mateo 7:7-8)

«ACERQUÉMONOS, PUES, CONFIADAMENTE AL TRONO 
DE LA GRACIA…» (Hebreos 4:16) 

2) El segundo obstáculo para que nuestras oraciones sean respondidas es la falta de confianza. Cuando comprendamos que como hijos de Dios redimidos tenemos el derecho de acercarnos a Él en cualquier momento, podremos superar los intentos del enemigo de hacer que nos sintamos culpables. Como consecuencia, cobramos confianza para comunicarnos con Él y ya no nos decimos: «Sé que el Señor lo puede hacer, pero me cuesta creer que lo hará por mí». Pensamos tales cosas porque tenemos en mente que no somos dignos de recibir algo de Él. Sin embargo, Jesús hizo que lo fuéramos. Cuando nos dirigimos a Dios, podemos contar con que Él es compasivo con nosotros: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16). La palabra «…gracia…»significa que el Señor nos dará lo que no nos merecemos si estamos lo suficientemente confiados para pedírselo, porque lo hacemos en el Nombre de Jesús, no en el nuestro. Estamos presentando al Padre todo lo que Jesús representa, no todo lo que somos nosotros, ya que no somos nada sin Él. Dios está dispuesto a hacer más de lo que podríamos pedir o entender (lee Efesios 3:20). Así que, necesitamos practicar nuestra fe y beneficiarnos de todo lo que Él puede hacer si se lo pedimos confiadamente. 
Helen Poole escribió: «Mi hija de cuatro años siempre oraba antes de que se fuese a dormir. Una noche, oraba y oraba. Su voz sonaba cada vez más baja hasta que sólo sus labios se movieron, y después dijo: «Amén». Le comenté: «Cariño, no he oído ninguna palabra de lo que has dicho», a lo que ella me contestó: «No te estaba hablando a ti, mamita». Cuando comprendes que tienes el privilegio de hablar con el Señor y que Él escucha cada palabra tuya, entonces oras con toda confianza. 

«SI OBSERVO INIQUIDAD EN MI CORAZÓN, EL SEÑOR NO ME ESCUCHARÁ» 
(Salmo 66:18 Versión La Biblia de las Américas)

domingo, 27 de octubre de 2019

La Oración A Dios: Su Importancia

“TODO LO QUE PIDÁIS ORANDO, CREED…Y OS VENDRÁ” (Marcos 11:24
Cuando ores:

1) Pon tu fe en marcha.
William Ward comenta: “Cogemos un sobre, le ponemos la dirección y el sello y lo enviamos con la total seguridad de que llegará a destino. Sin embargo, dudamos de si Dios escuchará nuestras oraciones, un Dios que siempre ama y que siempre está ahí”. Ponle un poco más de confianza a tus oraciones. Dios no responde a tu necesidad sino a tu fe. 

2) No te preocupes por usar las palabras correctas.
Jesús dijo de los fariseos “que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:7). ¿Has oído la versión de los abogados de la oración “el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”? (Mateo 6:11): “Diligentemente solicitamos, instamos y suplicamos que se haga entrega de la provisión debida y adecuada a día de la fecha anteriormente detallada a efectos de satisfacción de la necesidades nutricionales del demandante, así como para la organización de tantos métodos de reparto y distribución como se consideren necesarios y oportunos con el fin de garantizar la recepción por y para dicho demandante de tal cantidad de productos cereales (en adelante, “pan”) y que, a juicio del anteriormente mencionado demandante, constituya una cantidad suficiente”. ¡Son más de ochenta palabras! ¡Jesús sólo usó ocho! A veces, lo más efectivo es orar corto e ir directo al grano. 

3) Sé específico.
Jesús dijo: “Todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Juan 16:23). La ventaja de ser específico es que sabes cuando Dios responde. El familiar por el que orabas se salva, o una enfermedad se cura. Cuanto más explícito seas, más atento estarás a las respuestas, lo cual significa que puedes ser más específico al darle las gracias a Dios. 

“CUANDO ORES, ENTRA EN TU CUARTO, CIERRA LA PUERTA” (Mateo 6:6) 
¿Alguna vez has intentado conversar con un niño de 2 años? Cuando vas a mitad de frase, decide que es un buen momento para jugar con sus juguetes o perseguir al perro por la casa. A veces tratamos así a Dios. Le damos unos minutos apresurados y nos acordamos un poco de Él aquí y allá pero no le dedicamos tiempo ni buscamos un lugar para prestarle plena atención. Nos olvidamos de que el lugar de la oración es también el lugar de la respuesta a la oración. Nuestro problema es “la guerra de los pensamientos y las divagaciones”. Cosas olvidadas de repente “desfilan” por la mente requiriendo nuestra atención. Como dijo Santiago, si somos “de doble ánimo”, no recibiremos respuestas a nuestras oraciones (Santiago 1:8)

¿Qué podemos hacer?
1) Ora en voz alta.
Así, le cuesta más a tu mente divagar. Quizá te sientas incómodo al principio, pero enseguida te acostumbrarás. 
2) Anota los pensamientos que te distraen.
Cuando te vayan llegando otras ideas a la mente, escríbelas y olvídate hasta más tarde. Y si no consigues dejar de pensar en algo, preséntaselo a Dios en oración. 
3) Ten un diario.
A veces no sabemos qué queremos o cómo nos sentimos respecto a algo hasta que lo ponemos por escrito. Entonces, como si fuera un espejo, ves tus necesidades y tus ansias más profundas delante de ti, y de Dios. Háblale de tus anhelos y deja que Él los purifique. Menciónale tus tentaciones y deja que Él te fortalezca. Cuéntale tus rencores y deja que Él te perdone y te ayude a perdonar a otros. No hay mayor privilegio que la oración, así que no la descuides. 

“PEDID TODO LO QUE QUERÁIS” (Juan 15:7) 
Jesús dijo: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho”. Para recibir respuesta a tus oraciones, debes: 

1) Hacer de Cristo el centro de tu vida. 
“Si permanecéis en mí”. Juan estaba lo suficientemente cerca de Jesús como para recostarse en su pecho, pero Pedro “lo seguía de lejos” (Lucas 22:54). ¿A qué distancia quieres estar de Dios? Depende de ti. 

2) Llena la mente de Escrituras. 
Cuando oras con la Palabra, se activa la fe, el diablo se retira como lo hizo con Cristo en el desierto, y puesto que estás orando de acuerdo con Su voluntad, Dios responde. Por eso, pregúntate: ‘¿Lo que pido concuerda con las Escrituras? ¿Encajará con mis dones? ¿Me acercará a Dios? ¿Qué me corresponde hacer a mí? ¿He obedecido al Señor?’. Ahora bien, cuando ores diciendo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11), lo más seguro es que Dios no haga llover comida del cielo, pero sí te dará oportunidades que debes aprovechar y actuar en consecuencia. Las palabras “orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) significan que hace falta estar en la presencia de Dios el tiempo necesario para que Él responda a tu oración o cambie tu petición.

3) Antes de pedir, examina tu corazón.
“Si mis intenciones fueran malas, Dios no me habría escuchado” (Salmos 66:18 TLA). Hubo que acabar con el pecado de Acán antes de que Israel pudiera entrar en la Tierra Prometida (Josué 7:10-26). ¡Y lo mismo ocurre contigo! En cuanto te des cuenta de tu pecado, confiésalo, luego da por hecho de que Dios te ha perdonado y sigue adelante. 

“BUSCAD SU ROSTRO CONTINUAMENTE” (1 Crónicas 16:11) 
La base de una buena relación es ser sensible a las necesidades del otro, y para ello tienes que darle preferencia a la persona y pasar tiempo juntos. La diferencia entre estar un “ratito” con el Señor y un buen tiempo con Él es la misma que hay entre pasar por el McDonald’s y disfrutar una velada en un restaurante elegante. Muchos de nosotros subsistimos a base de comida espiritual basura, sin probar nunca el banquete que Dios nos tiene preparado. La Biblia dice: “Buscad Su rostro continuamente” (1 Crónicas 16:11). ¿Has aprendido a estar en la presencia de Dios y disfrutarla? 

A la hora de orar, todos nos enfrentamos a dos impedimentos: 
1) La falta de deseo
Nos quejamos de que no tenemos tiempo, pero la verdad es que hacemos hueco para lo que nos importa y disfrutamos. Si quieres empezar una vida de oración efectiva, deberás estar dispuesto a sacrificar ciertas cosas. 
2) No sabemos cómo hacerlo
Encuentra un sitio sin distracciones. Llévate la Biblia y un bloc de notas. Ponte música de adoración, pues ayudará a cambiar el ambiente espiritual del lugar. Haz lo que funcione en tu caso. ¡Y sé paciente! A veces cuesta semanas o meses coger un hábito, así que disciplínate, pues merece la pena. Y recuerda, la oración es una calle de doble sentido. No se trata de ver cuánto l e puedes decir a Dios, sino también de aprender a escucharlo. 

“YENDO UN POCO MÁS ALLÁ” (Mateo 26:39 CST) 
Jesús se apartó de la multitud y de los doce discípulos. En Getsemaní incluso se separó de los tres más allegados, y se fue “un poco más allá” y se postró y oró: ‘no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú'” (Mateo 26:39 CST). Ahí, cara a cara con Su padre, fue donde halló las fuerzas para aceptar la voluntad de Dios para Su vida. Hoy Dios te dice: ‘La fuerza para lidiar con esta crisis y la sabiduría para saber qué hacer la obtendrás si vas un poco más allá. Quédate en mi presencia un rato más y profundiza en Mi Palabra. ¡Ay si supieras qué cerca estás de recibir la respuesta!’. A Jesús le quedaban pocas horas para la cruz, pocos días para la resurrección y estaba a punto de crear la iglesia. 
¿Te encuentras en tu Getsemaní? A veces cuesta rendir tu voluntad a Dios, ¿verdad? Mira a Jesús. Antes de que el Cielo hubiera aceptado el sacrificio de un cuerpo quebrantado, demandaba el sacrificio de una voluntad quebrantada. ¿Te has rendido a Dios? ¿Por qué confiamos en los demás tan fácilmente cuando Dios anhela que confiemos en Él? Vas a un médico cuyo nombre no sabes pronunciar bien, te da una receta que no entiendes, la llevas a un farmacéutico que no conoces, compras medicamentos que no comprendes y te los tomas tan tranquilo. ¿Por qué te resulta mucho más fácil fiarte de estos “desconocidos” que de Dios que es fiel en todo? La respuesta está en aquello en que pones tu confianza. La confianza viene de conocer a una persona íntimamente, de escucharla y de pasar tiempo con ella. Y no es algo rápido; lleva su tiempo.

domingo, 20 de octubre de 2019

La Oración de los 5 Dedos

La “Oración de los 5 Dedos” es una manera simple, pero eficaz, para orar. 
Estábamos separados de Dios por el pecado (Romanos 3:23). Pero debido a que Jesús pagó por nuestros pecados en la cruz que ahora "tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Juan 3:16 , Efesios 2:18). Los que reciben a Jesús como su Salvador se convierten en "hijos de Dios" ( Juan 1:12 )
Así que, aunque Dios es “grande y poderoso” (Salmo 147:4) , somos Sus hijos y Él siempre está pensando en nosotros, "¡Cuán preciosos son tus pensamientos para mí, oh Dios ! ¡Cuán grande es la suma de ellos! " Si los contara, serían más que la arena !" (Salmo 139:17-18). Él siempre está dispuesto a doblar su oído para oír nuestras oraciones y así se nos anima a acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16)
La oración de los 5 dedos es una guía sencilla que podemos utilizar cuando oramos. 

1 ) El dedo que está más cerca de ti ( Pulgar)
Así que empieza tus oraciones orando por las personas más cercanas a ti. Ellos son los más fáciles de recordar. Orar por nuestros seres queridos es, como dijo una vez CS Lewis “un dulce deber” Orar por nuestros seres queridos es fácil la Biblia también nos dice que oremos por nuestros enemigos que, de una manera negativa, también están cerca de nosotros. 
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. (Mateo 05:44) Y de nuevo, “No devuelvan mal por mal. No tomen represalias cuando la gente dice cosas desagradables sobre ti. En lugar de ello, pagarles con una bendición. Eso es lo que Dios quiere que hagas, y él te bendecirá por ello. ” (1 Pedro 3:9 ) 

2 ) El siguiente dedo es el dedo que señala (Indice)
El dedo que señala, nos recuerda orar por los que instruyen osea por los que enseñan, y curan. Esto incluye a profesores, médicos y ministros. Ellos necesitan apoyo y sabiduría en señalar a otros en la dirección correcta. Mantenerlos en tus oraciones es lo mejor que puedes hacer. Estos hombres y mujeres tienen una gran influencia en la sociedad y debemos orar para que muestren y enseñan los principios divinos en todo lo que hacen. 

3 ) El siguiente dedo es el dedo más alto (Medio)
Nuestro dedo más alto nos recuerda a aquellos que están a cargo. Oremos por el presidente, los líderes en los negocios y la industria. Estas personas dan forma a nuestra nación y orientan a la opinión pública . Ellos necesitan la guía de Dios. 
Cuando el rey de Nínive, oró a Dios salvó a su pueblo de la destrucción (Jonás 3:6-10) . Debemos orar para que nuestros gobernantes se arrepientan y busquen la voluntad de Dios, ya que ellos en cierto sentido nos dirigen 

4) El cuarto dedo es el que lleva el anillo (Anular)
El dedo anular es el dedo más débil, si no lo crees cualquier profesor de piano lo testificará. Esto debería recordarnos orar por aquellos que son débiles, están en dificultades o con dolor. Necesitan su día las oraciones y la noche. Siempre deberíamos orar por ellos . La Biblia nos dice que todos los que creen en Cristo son “un cuerpo” (1 Corintios 12:12), y que debemos "Llevad los unos las cargas de los otros". Debemos "orar unos por otros", Santiago 5:16 nos dice que, debido a que ” la oración eficaz del justo puede mucho
"Orar por los demás es una manera de servir a los que nos rodean y esto es lo que nos da sentido a la vida."Si ustedes me aman", dijo a Jesús: "Apacienta mis ovejas." Orando por aquellos que lo necesitan es una forma de alimentar a las ovejas de Cristo. 

5) Y por último se nos presenta el Meñique
El dedo más pequeño de todos . Que es donde debemos colocarnos en relación con Dios y los demás . Como dice la Biblia: "El menor será el mayor entre vosotros." Tu meñique debe recordarte a orar por ti mismo
En el momento en que usted ha orado por los otros cuatro grupos, tus propias necesidades serán puestos en la perspectiva correcta y tu serás capaz de orar por ti mismo de manera más eficaz . 
Al orar por nosotros mismos primero debemos confesar nuestros pecados, porque el pecado rompe la comunión con Dios y no queremos estar fuera de comunión con él . No importa lo malo que hemos hecho si nos arrepentimos de corazón y sabemos que "él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. "(1 Juan 1:9) 
Entonces deberíamos dar gracias por todas las bendiciones que hemos recibido, “Ofrece a Dios gracias, y ora tus votos al Altísimo” (Salmo 50:14) 
Y, por último ponemos lo que está en nuestro corazón, lo bueno y lo malo, y oramos para que la voluntad de Dios se haga en nuestra vida. El Padre os ama mucho y siempre hace lo que es mejor para ti . Confía en Él y Él te guiará y causará que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman . (Romanos 8:28)

domingo, 13 de octubre de 2019

Clases De Oración En La Biblia

1) Clases De Oración: La oración de rendición.

Cuando Pablo tuvo un encuentro con Cristo en el Camino de Damasco, oró: “…Señor, ¿qué quieres que yo haga?…” (Hechos 9:6). Eso es como firmar un cheque en blanco, diciendo ‘Aquí me tienes Señor; haz conmigo lo que te plazca. Espero que me guste lo que me encomiendes , pero aunque no me agrade, lo cumpliré. Hágase Tu voluntad y no la mía’. Es decidir voluntariamente seguir a Dios en lugar de pretender que Él te siga. Con esa buena actitud Dios te transformará como convenga para que puedas llevar a cabo Su obra. 

2) Clases De Oración: La oración de compromiso.

La Biblia afirma: “Echad toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Mientras intentes controlarlo todo, tu estrés seguirá aumentando. Pero una vez que aprendas a entregar las cosas al Señor, te preguntarás por qué pasaste tanto tiempo preocupándote. 

3) Clases De Oración: La oración de intercesión. 

El profeta Ezequiel escribe: “Busqué entre ellos un hombre… que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra…” (Ezequiel 22:30). La “brecha” es la distancia entre lo que es y lo que puede ser. Y cuando hay una brecha en la relación de alguien con Dios por culpa del pecado, como creyente tienes el privilegio (y la responsabilidad) de colocarte en ese espacio e interceder por la persona.

domingo, 6 de octubre de 2019

La oración como búsqueda de la gloria de Dios

Escuchemos las palabras de Jesús en Juan 14:13: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (RV60). Ahora, supongamos que estás totalmente paralizado y que no puedes hacer nada por ti mismo salvo hablar. Y supongamos que un amigo fuerte y de quien te puedes fiar te promete vivir contigo y hacer lo que necesites que que haga por ti. ¿Cómo podrías glorificar a tu amigo si un extraño viniera a verte? ¿Glorificarías su generosidad y fuerzas tratando de saltar de la cama y de moverte? 
¡No! Le dirías: “Amigo, por favor, ven y levántame, ¿puedes poner un almohadón en mi espalda para que pueda ver a mi huésped? ¿Puedes ponerme las gafas?”. Y así, tu visitante podría conocer por tus peticiones que necesitas ayuda y que tu amigo es fuerte y bondadoso. Glorificas a tu amigo pidiéndole ayuda, y contando con él. 
En Juan 15:5 dice Jesús: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (RV60). Así que estamos verdaderamente paralizados. Sin Cristo no somos capaces de hacer nada bueno. Como dice Pablo en Romanos 7:18, yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien. Pero, según Juan 15:5, Dios trata de hacer algo bueno por nosotros, trata de que llevemos fruto. Así que, como nuestro amigo fuerte y fiable —”os he llamado amigos” (Jn. 15:15 RV60)—, promete hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. 
La oración nos humilla como pobres necesitados y exalta a Dios como alguien pudiente. 
¿Cómo podemos glorificarle entonces? Jesús nos ofrece la respuesta en Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (RV60). ¡Oramos! Le pedimos a Dios que haga por nosotros a través de Cristo lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos: llevar fruto. El versículo 8 nos ofrece el resultado: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”. Por tanto, ¿cómo es glorificado Dios por medio de la oración? Al orar admitimos con sinceridad que sin Cristo no podemos hacer nada. Y la oración es la vuelta de nosotros mismos a Dios con la confianza de que Él proveerá la ayuda que necesitamos. La oración nos humilla como pobres necesitados y exalta a Dios como alguien pudiente. 
En otro texto de Juan que muestra cómo la oración glorifica a Dios, Jesús le pide a una mujer un trago de agua. 
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías , y él te daría agua viva”, Juan 4:9-10 RV60. 
Si fueras un marinero gravemente enfermo de escorbuto y un hombre generoso llegara en otro barco con sus bolsillos llenos de vitamina C y te pidiera un zumo de naranja, puede que se lo dieras. Pero si supieras que él es generoso y que tiene todo lo que tú necesitas para estar bien, volverías las tornas y le pedirías ayuda a él. 
Jesús le dice a la mujer: “Si conocieras el don de Dios y quién soy, tú me pedirías a mí, ¡orarías a mí!”. Existe una relación directa entre no conocer a Jesús bien y no pedirle demasiado. Fallar en nuestra vida de oración es generalmente fallar en nuestro conocimiento de Jesús. “Si conocieras quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías”. Un cristiano que no ora es como un conductor de autobús que trata de empujar solo su autobús para sacarlo de un bache porque no sabe que Clark Kent está a su lado. Si conocieras… tú le pedirías . Un cristiano que no ora es como quien tiene su habitación con las paredes forradas de cheques gratuitos del Sak’s de la Quinta Avenida pero compra siempre en las rebajas del rastro porque no sabe leer. Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice… tú le pedirías, ¡tú le pedirías! 
Y eso quiere decir que aquellos que piden —los cristianos que invierten tiempo en oración— lo hacen porque ven que Dios es el gran Dador y que Cristo es sabio, misericordioso, y poderoso más de lo que nos podemos imaginar. Y, por tanto, su oración glorifica a Cristo y honra a su Padre. El principal propósito del hombre es glorificar a Dios. Por tanto, cuando nos convertimos en aquello para lo que Dios nos creó nos convertimos en personas de oración. 
No honramos a Dios proveyendo para sus necesidades, sino orando para que Él provea para nosotros y confiando en que responderá. 
Charles Spurgeon predicó en cierta ocasión un sermón sobre este asunto y lo denominó “El texto de Robinson Crusoe”. Comenzó así: 
“Robinson Crusoe había naufragado. Había quedado abandonado en la isla desierta totalmente solo. Su situación era lamentable. Se fue a dormir y fue atacado por la fiebre. Esta fiebre le duró mucho tiempo y no tenía a nadie que estuviera con él, nadie que pudiera siquiera traerle un vaso de agua fresca. Estuvo a punto de morir. Estaba acostumbrado a pecar y tenía todos los vicios típicos de los marineros; pero su difícil situación le llevó a pensar. Abrió una Biblia que encontró en su pecho y sus ojos se detuvieron en este pasaje: ‘Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás’. Aquella noche oró por primera vez en su vida, e inmediatamente después sintió en él esperanza en Dios, lo que marcó el nacimiento de una vida celestial”. 
El texto de Robinson Crusoe era el Salmo 50:15. Es la forma que Dios tiene de conseguir ser glorificado: ¡Ora a mí! ¡Te liberaré! Y el resultado será: ¡Tú me glorificarás! 
La explicación de Spurgeon es perspicaz: 
“Dios y el hombre en oración tienen ambos su papel […] En primer lugar está lo que te corresponde a ti: ‘Invócame en el día de la angustia’. En segundo lugar tenemos lo que le corresponde a Dios: ‘Te libraré’. De nuevo entras tú en acción, porque serás liberado. Y de nuevo será el turno de Dios: ‘Tú me honrarás’. Aquí tenemos un convenio, un pacto en el que Dios entra contigo, con aquel que ora a Él y a quien Él ayuda. Él dice: ‘Tú recibirás la liberación, pero yo debo recibir la gloria’… Estamos ante una comunión maravillosa: obtenemos lo que tanto necesitamos, y todo lo que Dios recibe es la gloria debida a su nombre”. 
¡Una comunión ciertamente maravillosa! La oración es el verdadero corazón del hedonismo cristiano. Dios recibe la gloria; nosotros nos deleitamos. Él es honrado precisamente porque muestra su plenitud y fuerza para liberarnos y llevarnos al gozo. Y nosotros recibimos la plenitud de gozo precisamente porque Él es la fuente plenamente gloriosa y la meta de la vida. 
Estamos ante un gran descubrimiento. No honramos a Dios proveyendo para sus necesidades, sino orando para que Él provea para nosotros y confiando en que responderá. 

Nota del editor: 
Este es un fragmento adaptado del libro Sed de Dios: Meditaciones de un hedonista cristiano (Andamio Publicaciones, 2011), de John Piper.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Cómo se ve la oración centrada en el evangelio

En Filipenses 1:4, Pablo insiste en que cada vez que ora por los filipenses, lo hace con alegría y agradecimiento. Él continúa dándonos el contenido de sus oraciones por ellos: 
“Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios”, Filipenses 1:9–11. 
Esto es impresionante. 
Las peticiones de Pablo reflejan las prioridades del evangelio. 
Observe tres características de esta oración. 

1. Abundante amor 
Primero, Pablo ora para que el amor de los filipenses “abunde aún más y más”. Pablo no da ningún objeto específico. Él no dice: “para que su amor por Dios abunde cada vez más”, o “para que su amor por otros abunde más y más”. Sospecho que deja el objeto abierto precisamente porque no quería restringir su oración a una cosa u otra. 
Desde un punto de vista cristiano, el amor creciente por Dios debe reflejarse en un amor por otros creyentes (ver 1 Juan 5: 1). Por muy maravillosa que haya sido esta congregación, aunque hubiera sido fiel en su amor incluso por el mismo apóstol, Pablo ora para que su amor abundara cada vez más. 

2. Conocimiento y discernimiento 
En segundo lugar, lo que Pablo tiene en mente no es un mero sentimentalismo, o una oleada de placer que viene, por ejemplo, después de asistir a una gran conferencia. “Oro”, escribe Pablo, para que “el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento”. El tipo de amor que Pablo tiene en mente es el amor que tiene cada vez más conocimiento. 
Por supuesto, Pablo no está pensando en cualquier tipo de conocimiento. No espera que aprendan más y más sobre física nuclear o tortugas marinas. Él tiene en mente el conocimiento de Dios; él quiere que disfruten de comprender las palabras y los caminos de Dios y, por lo tanto, que sepan cómo vivir a la luz de ellos. 
Su suposición, evidentemente, es que realmente no puedes crecer en tu conocimiento de Dios si estás lleno de amargura u otros pecados egocéntricos. Hay un elemento moral en conocer a Dios. Por supuesto, una persona puede memorizar las Escrituras, o enseñar escuela dominical, u obtener un título en teología en un seminario, pero eso no es necesariamente lo mismo que crecer en el conocimiento de Dios y tener una perspectiva de sus caminos. 
La vida cristiana abarca cada faceta de nuestra existencia. 
Tal crecimiento requiere de arrepentimiento; exige disminuir nuestro característico autoenfoque. Para decirlo positivamente, exige aumentar nuestro amor, nuestro amor por Dios y nuestro amor por los demás. 
Así como el conocimiento de Dios y su Palabra sirve como un incentivo para el amor cristiano, el amor es necesario para conocer a Dios profundamente, porque es extremadamente difícil avanzar en solo una parte del camino cristiano. Los cristianos no pueden decir: “Mejoraré mi vida de oración, pero no mi moralidad”; “Aumentaré mi conocimiento de Dios, pero no mi obediencia”; o “Creceré en amor por los demás, pero no en la pureza o en mi conocimiento de Dios”. Así no puede ser. 
La vida cristiana abarca cada faceta de nuestra existencia. Todo nuestro vivir, hacer, pensar, y hablar debe ser hecho con sumo gozo por Dios y por su Hijo, nuestro Salvador. 
Entonces, si Pablo ora para que el amor de los filipenses “abunde más y más”, agrega rápidamente: “en conocimiento verdadero y en todo discernimiento”. 

3. Lo que es mejor 
Tercero, para Pablo, esta oración tiene una meta más a la vista. Él les dice a los filipenses que eleva estas peticiones a Dios “a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo” (Filipenses1:10). Claramente, Pablo no quiere que los creyentes filipenses estén satisfechos con la mediocridad. Uno no puede estar satisfecho, en un mundo caído, con el statu quo. Él quiere que estos creyentes sigan adelante, sean cada vez más exigentes, y demuestren en su propia experiencia “lo mejor”. Él quiere que busquen lo mejor en el conocimiento de Dios, lo mejor en sus relaciones con otros creyentes, lo mejor en la obediencia gozosa. En última instancia, lo que él quiere de ellos es la perfección: él ora para que “puedan ser puros e irreprensibles para el día de Cristo”. 
Solo se necesita reflexionar por un momento para ver que todas estas peticiones están centradas en el evangelio. Son oraciones saturadas del evangelio. 

Para Pablo, esta no es una oración idólatra. Para algunas personas, por supuesto, podría convertirse en eso. Para los perfeccionistas, la perfección —al menos en algunos ámbitos— se convierte en una especie de fetiche, incluso en un ídolo grande. Pero este no es el caso con Pablo. La excelencia por la que ora, tanto por sí mismo como por los demás, se define con más detalle en el versículo 11: estar “llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo”. Además, nada de esto es simplemente para mejorar nuestra reputación. Por desgracia, algunas personas están más interesadas en una reputación de santidad y excelencia que en la santidad y la excelencia. Pero todas estas pequeñas alternativas se dejan a un lado en la restricción final de Pablo: su oración se ofrece “para la gloria y alabanza de Dios” (Filipenses1:11)
Eso es por lo que Pablo ora. Solo se necesita un momento de reflexión para ver que todas estas peticiones están centradas en el evangelio. Son oraciones saturadas del evangelio. Es decir, son oraciones que se ofrecen para promover la obra del evangelio en la vida de los creyentes de Filipos. Y, al pedir el fruto del evangelio en sus vidas, el propósito final de estas peticiones es dar gloria al Dios que los redimió.

Nota del editor:
Este es un extracto adaptado de Basics for Believers: The Core of Christian Faith and Life, publicado en colaboración con Baker Books.

domingo, 22 de septiembre de 2019

¿Cómo podemos orar correctamente?

¿Te has preguntado cómo podemos orar correctamente? 
Dios quiere que lo hagamos, y Él nos dice cómo. Para ver esto, tomemos dos pasajes del Nuevo Testamento: Mateo 6:9-15 y Filipenses 4:6-7. 
El primero es el comúnmente llamado padre nuestro. Esta fue una enseñanza más que una oración de Jesús, como sí lo es la de Juan 17. 
El padre nuestro es un modelo de oración que enseñó a sus discípulos. De todas maneras, es conocida como una oración de nuestro Señor y se enseñó dentro del marco de las enseñanzas del Sermón del monte (Mateo 5–7). Del padre nuestro se han hecho canciones y, en algunos grupos religiosos, es común repetirlo en medio de sus servicios. 
En lo particular, no tengo nada en contra de estas prácticas, pero Jesús, más que enseñarnos una oración para que la repitamos como parte de nuestras liturgias, nos presenta un modelo de cómo orar. El texto es muy claro: “Ustedes, pues, oren de esta manera” (Mateo 6:9) 
“Oren de esta manera” no se refiere a una fórmula o a repetir al pie de la letra lo que dice el texto, sino a tomar en cuenta el contenido o bosquejo que debe tener nuestra oración. En marcado contraste con las oraciones complicadas, vanas, y repetitivas de los escribas y los fariseos, el padrenuestro tiene un esquema sencillo, breve, auténtico, natural, y sincero. 
Esta oración modelo comienza como debe empezar toda oración al estar dirigida a Dios: invocándolo. “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Nuestra oración va dirigida a Él. No va dirigida a ninguna entidad, ni a una imagen hecha por el hombre, ni a un pastor o sacerdote. Apunta única y exclusivamente a la persona de Dios. 
Toda oración debe comenzar con la persona de Dios, reconocer lo que Él es y representa. 

El padre nuestro tiene un orden que comienza con Dios. Toda oración debe comenzar con la persona de Dios, reconocer lo que Él es y representa. Nunca comiences tu tiempo de oración pidiendo; por el contrario, alaba al Señor y reconoce su grandeza, su poder, y su majestad. Dios y su gloria son siempre lo más importante. Por eso, lo decimos una vez más: la oración comienza con la persona de Dios. 
En otras palabras, nuestras oraciones siempre deben tener estos elementos: 
1.- Dios: su persona, su reino, y su voluntad; 
2.- Nosotros: las provisiones materiales, el perdón de nuestros pecados, y la victoria sobre el mal. 
Otro texto a considerar tiene que ver con la exhortación que el apóstol Pablo hace a los hermanos de Filipos. Ellos estaban pasando por situaciones difíciles relacionadas con persecución, ciertos conflictos entre ellos, y amenazas de personas que querían introducir falsas enseñanzas. Ante todas estas presiones, el apóstol les hace la siguiente exhortación: 
“Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús”, Filipenses 4:6-7. 

Como ya hemos dicho, en el padre nuestro, Cristo enseña la guía de una oración que está dividida en dos grandes partes: la parte que tiene que ver con Dios y la parte de las peticiones humanas. En este texto de Filipenses 4:6-7, el apóstol abunda sobre cómo debe ser la oración cuando pedimos. 
Soy padre y una de las cosas que he aprendido es que los hijos, al ver a sus padres llegar a la casa, lo primero que hacen suele ser pedir o reclamar. Creo que, como hijos de Dios, no podemos caer en lo mismo. Por eso, con el padre nuestro, el Señor quiere que primero nos deleitemos en Dios Padre, ese Dios grande, majestuoso, y poderoso que es nuestro y que está en los cielos. Pero ese Padre nuestro también quiere que le pidamos.


Nota del editor: 
Este es un fragmento adaptado del libro Hacia la meta: Una guía para el crecimiento espiritual (B&H Español, 2016), por Otto Sánchez.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Cómo orar cuando no tienes palabras

En medio del dolor, muchas veces no hay palabras. Mi alma se siente entumecida; mi mente se queda en blanco. Sé que necesito permanecer en comunión con Dios, la fuente de vida, pero no tengo nada que decir. Todo parece sin sentido. Todo se siente inútil y ridículo. ¿Cómo podemos orar cuando no tenemos palabras? 
He estado ahí antes. Todo en mí grita: ¡¿Qué más da?! ¿Para qué orar otra vez? ¿Para qué leer lo mismo de siempre? Salir de la cama no es una opción, mucho menos dirigirle la palabra a alguien más… incluyendo a Dios. 
Suena irreverente y quizá lo es. Pero muchos creyentes nos hemos encontrado en esa situación más de una vez. De nada sirve negarlo. Quedarse sin palabras no es para los “débiles” en la Fe. 
Sabemos que Job, el hombre más íntegro de la tierra, quedó tan devastado por su aflicción que pasó siete días sentado en silencio junto a sus amigos, pues “su dolor era muy grande” (Job 2:13). Spurgeon no fue el mismo después de una infame broma pesada que resultó en la muerte de siete personas. El príncipe de los predicadores se dirigía a un grupo de miles de personas cuando alguien gritó “¡Fuego!” y provocó una estampida humana. Después del incidente, su esposa Susannah escribió: “La angustia de mi amado era tan profunda y violenta, que la razón parecía tambalearse en su trono, y a veces temíamos que nunca más predicara”. 
Cuando no hay palabras, no es necesario pintarte una sonrisa en el rostro y decir las cosas que has escuchado una y otra vez en la iglesia. 
No es necesario recitar las “respuestas correctas” de los cristianos. En la aflicción, nuestro primer instinto suele ser sacudirnos el polvo y fingir que todo está bien. Y cuando ya no hay fuerzas para hacer eso, simplemente nos derrumbamos y dejamos arrastrar en una espiral de amargura. Pero hay otra opción. Cuando no tenemos palabras, podemos usar las palabras de Dios. 

Oraciones inspiradas 
En la Biblia, Dios no solo dejó instrucciones. Y la historia de Israel tampoco es lo único que encontramos. Si eso hubiera sido todo, la Escritura seguiría siendo grandiosa. Seguiría siendo asombroso que el Dios del universo decidiese revelarse a nosotros a través de leyes y narrativa. 
Con todo, Dios no se quedó ahí. Él también inspiró poemas. Más que eso: Dios inspiró oraciones. Piensa un momento en lo increíble que es esto. Dios inspiró palabras, escritas por salmistas, para que se las dijéramos de vuelta. Cuando no tenemos palabras, podemos usar las palabras de Dios. 
Cansado estoy de mis gemidos; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, 
Con mis lágrimas riego mi cama. Se consumen de sufrir mis ojos; 
Han envejecido a causa de todos mis adversarios”, Salmo 6:6-7. 

Orar los Salmos 
Cuando no tengas palabras, toma un cuaderno y una pluma. Toma tu Biblia y ábrela en el libro de Salmos. Solo empieza a escribir. No necesitas fingir que todo está bien. Ni siquiera necesitas pretender que tienes ganas de hacer lo que estás haciendo. Lo único que necesitas es reconocer tu necesidad e ir delante de Dios creyendo que Él la suplirá. 
Si no tienes palabras, no te dejes derrumbar por el silencio. 
Dios te ha dado sus propias palabras para que las hagas tuyas. 
Escribe y lee detenidamente. Poco a poco tu corazón se irá calentando a la luz de las palabras de Dios. Cuando llegues a salmos llenos de lamento, haz del clamor del salmista tu propio clamor. Cuando te encuentres con salmos llenos de fe y esperanza, que no se parezcan nada a lo que sientes ahora mismo, puedes pedir que Dios haga crecer esa misma fe en tu corazón. 
“¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro? ¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma,Teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?”, Salmo 13:1-2

Si no tienes palabras, no te dejes derrumbar por el silencio. Dios te ha dado sus propias palabras para que las hagas tuyas. Él usará esas palabras para traer luz a tu alma y transformarte a la imagen de Cristo. Muy posiblemente no sientas que será así. Tal vez lo ves como algo imposible. No importa. No tienes que “sentirlo” para creer. Tu fe —por pequeña que sea— se demostrará al romper el vacío al hablar las palabras de Dios. Una a la vez. 
El Espíritu Santo inspiró palabras que, si no fuera porque las encontramos en la Biblia, muchos de nosotros jamás nos atreveríamos a pronunciar. Pero Dios sabía que llegaría este momento. Este momento en el que no tienes nada que decir. Dios conoce tu agonía aún mejor que tú mismo, así que no intentes esconderla. Exprésala sin temor. Y cuando no tengas palabras para hacerlo, puedes tomar prestadas las palabras de la Biblia.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Cómo orar cuando no tengo ganas

A veces pensamos que solo deberíamos orar cuando “lo sentimos” porque si no estamos siendo falsos delante de Dios. ¿Es esto cierto? 
Lo vemos por todos lados. Desde el clásico “sigue tu corazón”, hasta personas sometiéndose a cirugías y tomando hormonas porque sienten que no están en el cuerpo correcto. No hay duda: nuestra generación ha hecho de los sentimientos su dios. Pensamos que la realidad se determina por lo que sentimos, pero la Escritura nos enseña otra cosa. 
Nuestros sentimientos son inestables y poco confiables; como advirtió el profeta: “Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá?” (Jeremías 17:9). Incluso los expertos seculares se están dando cuenta. Hablando acerca de la motivación, la escritora y conferencista Mel Robbins dice que “en algún momento todos nos creímos la mentira de que te tienes que sentir listo para cambiar”. En su libro The 5 Second Rule (La regla de los 5 segundos) Robbins expone que los cambios que deseamos se logran actuando, no esperando sentirnos motivados para actuar. Si bien los cristianos sabemos que las motivaciones del corazón son importantes, también estamos conscientes de que nuestro ser interior está siendo santificado paulatinamente. En esta vida jamás llegaremos a tener motivaciones puras todo el tiempo. En nosotros hay una lucha. 
Pablo escribió : “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). 
Si estás leyendo este artículo, muy probablemente es porque deseas tener ganas de orar. Orar es el “bien que quieres”. Pero encuentras que muchas veces terminas haciendo el “mal que no quieres”: descuidar tu vida de oración. La tensión es real, pero en Cristo podemos vencerla. 

Camina conforme a la verdad.
Tengo una buena noticia para ti. No tienes que tener ganas de orar para orar. Si has nacido de nuevo, ya tienes todo lo que necesitas para orar y nadie te lo puede quitar. 
El Padre está a tu alcance en cualquier momento gracias a la justicia perfecta de Jesús. 
Tienes un nuevo corazón capaz de amar a Dios, y el Espíritu Santo, quien te guía a toda verdad, mora en ti. 
Tienes la Biblia, la cual te da luz y palabras cuando no tienes ninguna. 
Mientras que el mundo camina de acuerdo a sus emociones, 
los cristianos caminamos conforme a la verdad. 
Estas son las verdades a las que debemos aferrarnos cada vez que busquemos acercarnos a Dios en oración. 
No pongamos primero nuestros sentimientos, que aunque pueden glorificar a Dios, nos engañan muchas veces; no pongamos primero nuestro desempeño, que termina acusándonos cuando hemos sido negligentes. Mientras que el mundo camina de acuerdo a sus emociones, los cristianos caminamos conforme a la verdad. Cuando te sientas tentado “seguir a tu (desanimado) corazón”, predícate la realidad del evangelio. ¡Eres libre! No tienes que tener ganas de orar para orar. 

Pero, ¿no estoy siendo hipócrita? 
A veces pensamos que solo deberíamos orar cuando “lo sentimos” porque si no estamos siendo falsos delante de Dios. Aunque a primera vista parece un argumento razonable, se nos olvida algo importante: la oración es un mandato, no una opción (1 Tesalonicenses 5:17). Imagina que aplicáramos la misma lógica a la pureza sexual. “Le seré fiel a mi esposo cuando tenga ganas”. Ningún cristiano se atrevería a pensar de esa manera. Sabemos que debemos someter nuestros deseos por amor a Dios y a nuestro prójimo. En el caso de la oración es lo mismo. Lo que sentimos no justifica nuestras acciones pecaminosas. Dios conoce nuestro corazón. Podemos ser completamente honestos con Él y decirle: “Señor, no quiero orar, pero quiero querer. Cambia mi corazón y dame deseos conforme a los tuyos”. Él es el más interesado en transformarnos a Su imagen. Él ha prometido hacer la obra en nosotros hasta el final (1 Tesalonicenses 5:23). Nuestro trabajo es perseverar a pesar de lo que sentimos y aferrarnos a la justicia de Cristo cada vez que fallemos. 
Si no tienes ganas de orar, ora. Cada vez que lo haces estás elevando una alabanza que dice: “Yo no soy dios, mis sentimientos no son dios, Tú eres Dios y te necesito”. 

Algunas ideas prácticas 
Lo diré una vez más: si no tienes ganas de orar, ora. Es parte de la lucha espiritual que estás llamado a enfrentar hoy. Aquí hay algunas ideas prácticas para ayudarte a perseverar en esta disciplina: 
Si no tienes ganas de orar, ora. 
Cada vez que lo haces estás elevando una alabanza que dice: 
‘Yo no soy dios, mis sentimientos no son dios, 
Tú eres Dios y te necesito’. 
Ten una rutina: Lejos de depender de la motivación, crear una rutina nos ayudará a ni siquiera tener que preguntarnos dónde, cuándo, y por cuáles cosas oraremos hoy. Ten una hora y lugar determinado para invertir en oración. Pídele a tus padres o cónyuge que te ayuden a guardar ese tiempo cada día, evitando a toda costa llenar ese momento con otras actividades. Es bueno también tener a la mano una lista de personas y cosas por las que quieres orar constantemente. 


Ora la Biblia: Como parte de tu rutina puedes tener preparada una lista de pasajes que te ayuden a dirigir tus palabras en oración. Por ejemplo, puedes usar un salmo al día y orar por tus pastores, familia, amigos, y circunstancias basado en el contenido de ese texto. Donald Whitney explica cómo hacer esto con mucho más detalle en su libro Orando la Biblia. 


Escribe tus oraciones: Uno de los problemas más comunes a la hora de orar es que nos distraemos y perdemos el hilo de lo que estamos diciendo. En este artículo compartí cómo escribir mis oraciones me ayudó a concentrarme durante periodos de tiempo mucho más largos. Puedes combinar esto con orar la Biblia y escribir pasajes que llamaron tu atención en tu lectura diaria; eso te ayudará a aplicar a tu vida el texto y pedirle a Dios que te transforme conforme a lo que aprendiste. 


Rinde cuentas: Aunque tu vida de oración puede ser algo muy personal, eso no significa que tienes que enfrentar las dificultades solo. Eres parte de la Iglesia, y Dios te ha rodeado de hermanos y hermanas que pueden ayudarte en tu caminar. Comparte tus luchas con un creyente de confianza, y pídele que ore por ti en esta área, que esté al pendiente de tu progreso. 


Aprende de otros: No te avergüences de pedir consejo a tus pastores o hermanos maduros en la fe. A veces creemos que somos los únicos que estamos batallando, cuando la gran mayoría de los cristianos hemos pasado por desiertos en la oración. Los que tienen más tiempo en el Señor pueden ayudarte. También puedes encontrar consejo y ánimo en biografías de cristianos conocidos por sus vidas de oración. No olvides asistir regularmente a las reuniones de oración de tu iglesia. ¡No hay mejor manera de aprender a orar que orando! 

Sienta lo que sienta tu engañoso corazón, ora. No dejes que tus emociones te priven del gran privilegio que es acercarte con toda confianza al Padre. Él conoce tus luchas; puedes ser completamente sincero sobre todas ellas. Persevera y verás cómo serás transformado por gracia a través de tus esfuerzos. ¡Dios ha prometido hacer la obra en nosotros! Tú y yo solo debemos confiar y obedecer, sin importar las ganas que tengamos. 

domingo, 1 de septiembre de 2019

La relación entre la oración y la acción

Tiempo atrás conocí a una familia muy especial, en la cual dos de los hijos estudiaban en la misma escuela, en el mismo curso y por supuesto con la misma maestra. Lo curioso es que uno de ellos sacaba casi siempre buenas calificaciones, mientras el otro difícilmente lograba mantenerse a flote. Los Padres intrigados por tal situación decidieron averiguar lo que estaba sucediendo. 
Mucha fue su sorpresa cuando descubrieron que en la semana de exámenes uno de los hijos se la pasaba orando, mientras el otro se la pasaba estudiando. Al indagar el motivo para este comportamiento, encontraron que entre los dos hermanos habían hecho un pacto para rendir bien en la escuela. Se dividieron responsabilidades. El uno iba a estudiar, mientras el otro iba a orar. Por supuesto entonces, cuando llegaban los exámenes, el que estudió sabía lo que debía responder, pero el que oró no sabía ni donde estaba parado. 
Este comportamiento infantil ilustra algo muy importante para nosotros los adultos. 
A veces pensamos que con la oración nos liberamos de nuestras responsabilidades que como hijos de Dios tenemos delante de Él. Somos como el niño del ejemplo, que piensa que por orar solamente Dios le va a permitir sacar buenas calificaciones. 
Por eso, el tema es la relación entre la oración y la acción. 
Hay un dicho muy conocido que reza así: A Dios rogando pero con el martillo golpeando. Este dicho apunta hacia el equilibrio que debe existir entre la oración y la acción. 
Orar sin actuar es hipocresía, pero a la vez actuar sin orar es presunción. 
Conozco a muchísimos creyentes que toman bastante tiempo para orar por la salvación de los incrédulos, pero jamás se dignan testificar a un incrédulo o entregar un folleto evangelista a un desconocido. Su falta de acción les delata como hipócritas. Pero conozco también de creyentes que gastan su vida en la obra del Señor, pero descuidan al Señor de la Obra. 
Difícilmente encuentran tiempo para invertir en la oración y como consecuencia, su trabajo además de ser presuntuoso, no pasa de ser un mero esfuerzo de la carne. Hay un pensamiento que puede revolucionar nuestro concepto de oración. 
Necesitamos entender que entre Dios y nosotros formamos un equipo. El éxito o el fracaso de un equipo depende de sí los miembros del equipo están cumpliendo con sus responsabilidades. Pensemos en un equipo de fútbol por ejemplo. Puede ser que tenga una delantera extraordinaria, pero si su defensa es mala, el fracaso del equipo estará a la puerta. 
En el equipo de Dios y nosotros, Dios no puede fallar jamás, pero nosotros lamentablemente fallamos a menudo. 
En el equipo que formamos con Dios, nuestra responsabilidad es hacer lo que podemos hacer. Dios no espera de nosotros algo que esté fuera de nuestras posibilidades. En cambio, la responsabilidad de Dios es hacer lo que nosotros no podemos hacer. 
Trataré de ilustrarlos por medio de un ejemplo. 
Cuando Lázaro, el gran amigo de Jesús murió, se presentó la oportunidad perfecta para aplicar este principio. Allí estaba una multitud y Jesús ante la tumba de Lázaro. La multitud no podía hacer que Lázaro resucite, Jesús en cambio si podía. La orden de Jesús a la multitud fue: Quitad la piedra. ¿Acaso Jesús no podía hacer que la piedra se quite con solo una orden?. 
Si que podía y la piedra habría volado por los aires. Pero no lo hizo para mostrar que el hombre tiene también que hacer su parte en la obra de Dios. 
Cuando la piedra fue quitada, Jesús clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. Lázaro que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas y el rostro envuelto en un sudario. 
Una vez más aquí. ¿Acaso Jesús no podía hacer que las vendas y el sudario se retiren por sí solas del cuerpo de Lázaro? Si que podía, pero no lo hizo, porque esto era algo que podía hacer alguno de la multitud. Por eso ordenó: Desatadle y dejadle ir. 
Si, mi querido hermano, amigo o Lector, con Dios formamos un equipo, él está dispuesto a hacer lo que para nosotros es imposible, pero también él espera que nosotros hagamos lo que nos es posible. Está bien orar pidiendo la intervención divina en determinada situación, pero al mismo tiempo necesitamos actuar para conseguir lo que buscamos. 
Si un hermano hubiera perdido su empleo, está bien que de rodillas ore al Señor por otro empleo, pero a la vez tendría que llenar solicitudes de trabajo en cualquier lugar que sea. 
El Apóstol Pablo, por ejemplo oraba por las iglesias en las cuales ministró, pero no quedó todo allí, también las visitó, aconsejó, enseño, envió cartas, etc. 
Jesús oró por sus discípulos, pero también invirtió su tiempo diariamente con ellos en forma práctica y activa. 
Está bien orar para que Dios cubra las necesidades de los hermanos, pero también debemos estar dispuestos a dar algo de nosotros para cubrir esas necesidades. 
Josué y David oraron antes de entrar en batalla, pero también tuvieron que organizar sus ejércitos y pelear. 
Debemos orar por un avivamiento en nuestra vida personal, así como en nuestra iglesia local, pero la oración debe estar acompañada de la confesión del pecado y un compromiso delante de Dios de apartarnos del mal. Proverbios 28:13 dice: El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. En su reprensión a la iglesia de Éfeso, el Señor Jesucristo les invitó a arrepentirse pero también a hacer las primeras obras. 
Apocalipsis 2:5 dice: Recuerda, por tanto, de dónde has caldo, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Debemos orar para crecer espiritualmente, pero debemos agregar a nuestras oraciones una vida disciplinada de estudio de la Palabra del Señor y un compromiso de aplicar la Palabra del Señor a cada situación de nuestra vida diaria. 
El hecho que Dios en su Gracia y Misericordia está dispuesto a contestar nuestras oraciones no quiere decir que orar nos libera de nuestras responsabilidades humanas como siervos y embajadores de Cristo. En los anales de la historia del cristianismo existe un nombre que brilla con luz propia. Es David Brainerd. Un hombre de gran poder espiritual. El ministerio que este hombre realizó por medio de la oración es simplemente extraordinario. 
De este guerrero de la oración se ha escrito lo siguiente: En la profundidad de esos bosques de Norteamérica, solo, imposibilitado de hablar el lenguaje de los indios, pasaba literalmente días enteros en oración. ¿Cuál era el motivo por el cual oraba? Sabia que no podía alcanzar a esos salvajes si no comprendía su idioma. Si quería hablarles algo, debía encontrar alguien quien pueda aunque sea vagamente interpretar su pensamiento, por tanto, sabia que cualquier cosa que hiciera debería ser en absoluta dependencia del poder de Dios. Así que, se pasaba días enteros en oración, simplemente confiando en que el poder del Espíritu Santo se manifieste de alguna manera para que él pueda comunicar a los indios el glorioso mensaje del evangelio. 
La respuesta a sus fervientes oraciones tardó pero llegó. Dios proveyó un indígena dispuesto a traducir para Brainerd. La primera vez que Breinard predicó, su traductor estaba tan borracho que difícilmente podía mantenerse en pie, pero aún así, Breinard lo utilizó porque no tenia ninguna otra alternativa. Al hacer la invitación a aceptar a Cristo fueron muchos los que respondieron al llamado. Dios había manifestado su poder en respuesta a la oración de un hombre que a la par de orar dio todo para cooperar con Dios en la consecución de la meta. 
Esta es justamente la lección que queremos dejar. 
La oración y la acción siempre van de la mano, es imposible divorciar lo uno de lo otro. Es posible que Ud. halla escuchado muchos buenos principios sobre la oración. Lo que sepamos sobre la oración no nos ayudará en nada si somos renuentes a orar. 
A Dios no le impresiona cuanto sepamos sobre la oración, lo que a Él le interesa es que oremos. Por nuestra parte, estamos convencidos que todavía el mundo no ha sido testigo de lo que Dios podría hacer si su pueblo orara de verdad, y por eso nos hemos sentido motivados a animar a los hijos de Dios a hacer un mejor uso de esta arma tan poderosa que Dios ha puesto en nuestras manos, la oración.

domingo, 25 de agosto de 2019

Si nos hace falta algo es debido a nuestra falta de oración

Para los hijos de Dios es muy significativo el conocer de casos en los cuales el poder de Dios se manifestó como resultado de la oración, uno de estos casos es el relatado por Henry Bosch en el cual Dios utilizó una mariposa para encontrar un papel perdido. 
Quizá suena como algo trivial, pero en realidad sucedió así: Una pobre viuda estaba tremendamente angustiada cuando recibió una notificación de que debía pagar una deuda bastante grande que ya habla sido cancelada. 
Debido a que ella no podía encontrar el recibo, tenía temor de que le tocaría pagar nuevamente tan gran suma. La mayoría de sus ingresos hablan sido utilizados en el funeral de su esposo, así que ella oró específicamente para que Dios le mostrara como encontrar el comprobante de pago de aquella deuda. 
Algunos días más tarde, vino a la casa de la viuda un cobrador y le amenazó con demandarle ante una corte si ella no conseguía el dinero en los próximos días. Precisamente, en ese momento, una mariposa entró por una ventana que estaba abierta. El hijo de la viuda comenzó a perseguir a la mariposa con la esperanza de atraparla y aumentar su colección de mariposas para su escuela. Mientras el niño procuraba cazar la mariposa, ésta hábilmente se escabulló hacia la parte posterior de un sofá y se metió debajo del mismo. El muchacho no podía mover por si solo el pesado mueble así que pidió al cobrador que le ayudase. 
Tan pronto lograron mover el sofá hacia un lado, un papel cayó al suelo. Al recogerlo, la viuda le dio una rápida mirada. Sus ojos no podían creer lo que velan, ese papel era el recibo perdido. 
Su oración de fe habla sido honrada por Dios y la respuesta vino de la manera menos esperada, sobre las alas de una mariposa. Hay algunos que piensan que en casos así no es necesario orar al Señor. Según ellos, para qué orar a Dios por cosas que Dios sabe de antemano que las necesitamos. 
Veamos que nos puede decir la Palabra de Dios a este respecto. 

Es verdad que Dios conoce todo y por tanto El sabe de antemano lo que queremos. 
Salmo 139:1-4 dice: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí oh Jehová, tú la sabes toda”. 
Si, Dios conoce absolutamente todo, tanto el pasado como el presente y el futuro, nada está escondido de Dios. El sabe cuando estamos en angustia. El sabe cuando estamos en necesidad. Pero esta verdad necesita ser balanceada con el hecho que El ha escogido darnos libertad de escoger y libertad de actuar. El ha escogido escuchar nuestros pedidos, así como responderlos cuando las condiciones son correctas. 
Santiago 4:2 dice claramente que si nos hace falta algo es debido a nuestra falta de oración,…pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. Cuando pedimos alguna cosa a Dios en oración tomamos una posición de dependencia en Dios y de esta manera le honramos. 
El mismo Señor Jesucristo en sus días sobre la tierra, oraba constantemente al Padre y así demostró su total y absoluta dependencia del Padre. 
¿Por qué orar si Dios sabe de antemano lo que necesitamos? 
Pues para mostrar nuestra dependencia de Él y así honrarle. Pero esta no es la única razón. 
También debemos orar porque sencillamente el Señor nos ha mandado hacerlo. Como hijos de Dios que somos y siendo que afirmamos que Jesucristo es nuestro Señor o nuestro amo, se espera que obedezcamos las órdenes que El nos dé. 
Lucas 11:9 dice: «Y yo os digo: Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» Con la misma autoridad el Señor Jesús inclusive, citó varias parábolas sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar. 
Lucas 18:1 en adelante relata la parábola del Juez injusto, justamente con este propósito. 
El Apóstol Pablo en 1ª Tesalonicenses 5:17 también ordena que debemos orar sin cesar. Si, Dios conoce de antemano lo que necesitamos, Dios sabe lo que sentimos, pero esta verdad no nos libera del privilegio sin igual de orar. Tenemos entonces que debemos orar porque así demostramos nuestra dependencia con el Padre y porque es un mandato. Además de esto, debemos orar porque la oración cambia las cosas. 
Un hombre de Dios dijo: «Cuando oro, ocurren coincidencias, cuando dejo de orar éstas no ocurren» Jesús dijo en Juan 16:24: Pedid y recibiréis… 
Santiago dijo en Santiago 5:16: La oración eficaz del justo puede mucho. Cuantas cosas serian distintas si el pueblo de Dios orara como debe orar. Dios, en respuesta a la oración hace cosas que de otra manera no las habría hecho. 
Uno de los hermanos Wesley contó una vez acerca de un sueño que él tuvo. En el sueño, un ángel le llevó a una bodega enorme en el cielo, en la cual había compartimiento tras compartimientos repletos de cajas y paquetes cuidadosamente almacenados que tocaban el cielo raso. Después de caminar un buen rato por aquel lugar Wesley preguntó al ángel: ¿Qué contienen todas estas cajas y por qué están aquí? El ángel respondió: Estas son las respuestas a las oraciones que los creyentes nunca las hicieron. 
Sí, mi hermano, amigo o lector, la oración hace que las cosas cambien y por eso los hijos de Dios debemos orar aún cuando sepamos que Dios conoce de antemano las circunstancias especificas de cada una de nuestras vidas. Así que, debemos orar por que de esta manera demostramos nuestra dependencia de Dios, porque es un mandato y porque la oración hace que las cosas cambien. 
Pero no solo por esto, también debemos orar a Dios porque nunca nos acercamos tanto a la omnipotencia de Dios cómo cuando oramos en el nombre sobre todo nombre, el nombre de Cristo. Los seres humanos nunca seremos omnipotentes, ni aún en el cielo, pero en la oración esgrimimos más poder que lo que podríamos hacerlo de cualquier otra manera. 
¿Por qué orar aún cuando sabemos que Dios conoce de antemano nuestras necesidades? 
Hemos citado ya cuatro razones. Porque así manifestamos nuestra dependencia de Dios, porque es un mandato, porque la oración hace que las cosas cambien y porque la oración nos da acceso a un poder inimaginable.
J. H. Jowett escribió: Qué misterio es el que tenemos en nuestras manos para obrar maravillas en la dimensión prodigiosa de la oración. Podemos llevar rayos de luz a lugares fríos y sombríos. 
Podemos soltar las cadenas de la prisión de la desesperanza. Podemos llevar destellos y pensamientos caseros hasta lugares distantes. Podemos llevar cordialidad celestial a los espiritualmente débiles, aún cuando éstos estén trabajando más allá de los mares. Todos estos son milagros en respuesta a la oración. Grandes milagros demoran, simplemente porque no caemos suplicantes en nuestras rodillas. Hasta aquí la cita de el autor J. H. Jowett. 
Es increíble pensar que con nuestra poca oración estamos obstaculizando todo un gran poder puesto a nuestra disposición por el Señor. 
Así que, hermanos, amigos y lectores, Dios conoce al detalle nuestras necesidades, cuando oramos no estamos dando a conocer lo que nos está pasando, porque El ya lo sabe, cuando oramos estamos poniendo en práctica nuestra dependencia de Él, cuando oramos, estamos obedeciendo a un mandato que nos ha dejado Dios en Su Palabra, cuando oramos estamos haciendo que las cosas cambien y cuando oramos estamos tocando las esferas de poder más elevadas que podamos imaginar. Todos necesitamos hacer una pausa y confesar nuestra falta de oración y simplemente empezar a orar más.